viernes 5 de febrero de 2010

El Corazòn Delator II

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Al llegar la octava noche, procedì con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un relog se mueve con màs rapidez de lo que se movìa mi mano. Jamàs. antes de aquella noche, habìa sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresiòn de triunfo. ¡Pensar que estaba ahì, abriendo poco a poco la puerta, y que èl ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reì entre dientes ante esta idea, y quizà me oyò, porque lo sentì moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensaran que me echè hacia atràs... pero no. Su cuarto estaba tan negro, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabìa que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguì empujando suavemente, suavemente.

Habìa ya pasado la cabeza y me disponìa a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbalò en el cierre metàlico y el viejo se enderezò en el lecho, gritando:

-¿Quièn esta ahì?

Permanecì inmòvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no movì ni un solo mùsculo, y en todo ese tiempo no oì que volviera a tenderse en la cama. Seguìa sentado, escuchando... tal como yo lo habìa hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.

Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena...¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido. cuando se movió en la cama. Habia tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba:"No es mas que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Si, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano porque, la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.

Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.

Así lo hice, -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.

Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo ví con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.

¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podía hacer un relog envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.

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jueves 28 de enero de 2010

Amor y Odio


No abras tus labios, necio,

Ni gires hacia mi tu rostro;

La furia del cielo te derribará,

Entonces mi gracia será tuya.


Borra tu sombra de mi camino,

Y no derroches vanas plegarias,

El salvaje viento puede insinuar tu canto,

Más nunca rogaré que te quedes.


Llévate lejos esos falsos ojos obscuros,

No los demores sobre mi rostro;

Te amé con un gran amor, y ahora un gran odio,

Lúgubremente, se sienta en su lugar.


Todos los cambios pasan como un sueño,

Yo no canto ni rezo;

Tú eres el árbol venenoso

que huyó con mi vida lejos.


Elizabeth Eleanor Siddal

martes 19 de enero de 2010

My mind´s eyes -Sirenia-

miércoles 13 de enero de 2010

El Corazón Delator I -Edgar Allan Poe-

Esta historia esta contada a través de los ojos de un demente, quien, como todos nosotros, creía que estaba cuerdo.

¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruírlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

Me es imposible decir cómo aquella idea me entró en la cabeza por primera vez; pero, una vez concebida, me acosó noche y día. Yo no perseguía ningún propósito. Ni tampoco estaba colérico. Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fué su ojo. ¡Si, eso fué! Tenía un ojo semejante al de un buitre... Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mi se me helaba la sangre. Y así, poc a poco, muy gradualmente, me fuí decidiendo matar al viejo y librarme de aquel ojo para siempre.

Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio... ¡Si hubieran podido verme! ¡Si huebieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado... con qué previsión... con qué disimulo me puse a la obra! Jamás fuí más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, hacía yo girar el picaporte de su puera y la abría... ¡oh, tan suavemente¡ Y enconces, cuando la abertura era lo bastante grande para pasar la cabeza, levantaba una linterna sorda, cerrada, completamente cerrada, de manera que no se viera ni una luz, y tras ella pasaba la cabeza. ¡Oh, ustedes se hubieran reído al ver cuán astutamente pasaba la cabeza! La movía lentamente... muy, muy lentamente, a fin de no peeturbar el sueño del viejo. Me llevaba una hora entera introducir completamente la cabeza por la avertura de la puerta, hasta verlo tendido en su cama. ¿Eh? ¿Es que un loco hubiera sido tan prudente como yo? Y entonces, cuando tenía la cabeza completamente dentro del cuarto, abría la linterna cautelosamente... ¡oh, tan cautelosamente! Si, cautelosamente iba abriendo la linterna (pues crujían las bisagras) la iba abriendo lo suficiente para que un solo rayo de luz cayera sobre el ojo del buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches... cada noche, a las doce... pero siempre encontre el ojo cerrado, y por eso me era imposible cumplir mi obra, porque no era el viejo quien me irritaba, sino el mal de ojo.Y por la mañana, apenas iniciado el día, entraba sin miedo en su habitación y le hablaba resueltamente, llamándolo por su nombre con voz cordial y preguntándole cómo había pasado la noche. Ya ven ustedes que tendría que haber sido un viejo muy astuto para sospechar que todas las noches, justamente a las doce, iba yo a mirarlo mientras dormía.

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jueves 7 de enero de 2010

Theatre of Tragedy -Silence-








miércoles 30 de diciembre de 2009

¡Oh, cual te adoro!


¡Oh, cuál te adoro!, con la luz del día
tu nombre invoco apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aún te llama exaltada el alma mía.
Tú eres el tiempo que mis horas guía.
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.
No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando tu amor me cuentas y deliras
revelándo la fé de tu contento.
Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrazada en el aire que respiras.


Carolina Coronado Romero de Tejada

sábado 26 de diciembre de 2009

Lost in life -Sirenia-