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Al llegar la octava noche, procedì con mayor cautela que de costumbre al abrir la puerta. El minutero de un relog se mueve con màs rapidez de lo que se movìa mi mano. Jamàs. antes de aquella noche, habìa sentido el alcance de mis facultades, de mi sagacidad. Apenas lograba contener mi impresiòn de triunfo. ¡Pensar que estaba ahì, abriendo poco a poco la puerta, y que èl ni siquiera soñaba con mis secretas intenciones o pensamientos! Me reì entre dientes ante esta idea, y quizà me oyò, porque lo sentì moverse repentinamente en la cama, como si se sobresaltara. Ustedes pensaran que me echè hacia atràs... pero no. Su cuarto estaba tan negro, ya que el viejo cerraba completamente las persianas por miedo a los ladrones; yo sabìa que le era imposible distinguir la abertura de la puerta, y seguì empujando suavemente, suavemente.
Habìa ya pasado la cabeza y me disponìa a abrir la linterna, cuando mi pulgar resbalò en el cierre metàlico y el viejo se enderezò en el lecho, gritando:
-¿Quièn esta ahì?
Permanecì inmòvil, sin decir palabra. Durante una hora entera no movì ni un solo mùsculo, y en todo ese tiempo no oì que volviera a tenderse en la cama. Seguìa sentado, escuchando... tal como yo lo habìa hecho, noche tras noche, mientras escuchaba en la pared los taladros cuyo sonido anuncia la muerte.
Oí de pronto un leve quejido, y supe que era el quejido que nace del terror. No expresaba dolor o pena...¡oh, no! Era el ahogado sonido que brota del fondo del alma cuando el espanto la sobrecoge. Bien conocía yo ese sonido. Muchas noches, justamente a las doce, cuando el mundo entero dormía, surgió de mi pecho, ahondando con su espantoso eco los terrores que me enloquecían. Repito que lo conocía bien. Comprendí lo que estaba sintiendo el viejo y le tuve lástima, aunque me reía en el fondo de mi corazón. Comprendí que había estado despierto desde el primer leve ruido. cuando se movió en la cama. Habia tratado de decirse que aquel ruido no era nada, pero sin conseguirlo. Pensaba:"No es mas que el viento en la chimenea... o un grillo que chirrió una sola vez". Si, había tratado de darse ánimo con esas suposiciones, pero todo era en vano. Todo era en vano porque, la Muerte se había aproximado a él, deslizándose furtiva, y envolvía a su víctima. Y la fúnebre influencia de aquella sombra imperceptible era la que lo movía a sentir -aunque no podía verla ni oírla-, a sentir la presencia de mi cabeza dentro de la habitación.
Después de haber esperado largo tiempo, con toda paciencia, sin oír que volviera a acostarse, resolví abrir una pequeña, una pequeñísima ranura en la linterna.
Así lo hice, -no pueden imaginarse ustedes con qué cuidado, con qué inmenso cuidado-, hasta que un fino rayo de luz, semejante al hilo de la araña, brotó de la ranura y cayó de lleno sobre el ojo de buitre.
Estaba abierto, abierto de par en par... y yo empecé a enfurecerme mientras lo miraba. Lo ví con toda claridad, de un azul apagado y con aquella horrible tela que me helaba hasta el tuétano. Pero no podía ver nada de la cara o del cuerpo del viejo, pues, como movido por un instinto, había orientado el haz de luz exactamente hacia el punto maldito.
¿No les he dicho ya que lo que toman erradamente por locura es una excesiva agudeza de los sentidos? En aquel momento llegó a mis oídos un resonar apagado y presuroso, como el que podía hacer un relog envuelto en algodón. Aquel sonido también me era familiar. Era el latir del corazón del viejo. Aumentó aún más mi furia, tal como el redoblar de un tambor estimula el coraje de un soldado.
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En la tumba de Abdul Ali: E.F. Benson
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En la tumba de Abdul Ali (At Abdul Ali's grave) es un relato de terror del escritor
inglés E.F. Benson, publicado en 1912.
En la tumba de Abdul Alí....
Hace 5 días











